Buscando pareja

14.10.2014

(Sábado 22 de julio de 1995)

Durante los sesenta fueron los bailes y las salas de fiesta, y ahora son las macrodiscotecas.

El escenario acaba siendo el menos importante cuando solo es el sitio en el que, entre otras cosas, se espera encontrar una persona especial. Tal vez el cómo y el dónde han ido cambiando con el paso del tiempo, pero, a pesar de esto, el deseo de encontrar a alguien con quien compartir la vida, o al menos una parte de ella, se ha mantenido intacto.

Algunos, no obstante, no tienen tanta suerte y, bien por demasiadas exigencias, bien por falta de interés, no llegan a conocer aquella persona que tendría que ser tan especial. Pero como que en este mundo dicen que casi todo tiene solución, y que quien busca acaba encontrando, tal vez el refrán podría aplicarse a todas aquellas personas que, cansadas de esperar, un buen día deciden probar suerte en los ficheros de una agencia matrimonial. (…)

Conchita Casacuberta lleva veinte años al frente de la agencia COSM (Centro de Orientación Social y Matrimonial) y, a pesar de su experiencia, es plenamente consciente de que nunca se puede asegurar el éxito en el cien por cien de los casos. “Cuando yo hago la ficha de alguien no garantizo nada, pero si acepto a aquella persona es porque, en principio, creo que puedo resolver su caso”, afirma.

“El primer requisito que se pide a una persona que llega a una agencia matrimonial es que sea estable emocionalmente, es decir, que esté preparada para iniciar una relación seria”, explica Conchita Casacuberta. Esta psicóloga confiesa que durante la primera entrevista con el cliente hay que intentar captar al máximo cómo es la persona y qué es lo que está buscando. En el caso de los clientes separados es particularmente importante, pues nunca se aceptará a una persona que, por su actitud, demuestre que aún no ha roto del todo los vínculos de la relación anterior. (…)

La mayoría de las personas que escogen el camino de la agencia matrimonial de Conchita Casacuberta para encontrar pareja tienen entre 30 y 50 años. Pero también la gente joven, sobretodo los hombres de 25 a 30 años, consideran cada vez más esta posibilidad como una puerta más que está abierta a sus deseos de encontrar la media naranja. “En cuestión de edades, nosotros aceptamos personas desde los 25 hasta los 75 años. (…)”, reconoce la directora de la agencia matrimonial COSM.

(…) En la opinión de Conchita, “la persona que llega a una agencia, hace un acto de valentía, porque desde el principio acepta que necesita cubrir una parte de su vida, aún cuando en muchas otras facetas haya tenido mucho éxito. Son personas muy conscientes de su realidad y de lo que les falta”.

Para que las relaciones funcionen no basta con que las dos personas parezcan compatibles. En el momento del encuentro puede ser que no surja la química necesaria; en definitiva “son ellos los que finalmente deben escogerse mutuamente, nosotros solo podemos proponer”, afirma Conchita Casacuberta.

Entre los miles de nombres que han pasado por su agencia, se han dado casos de todos los colores. Desde personas que encontrado el hombre o la mujer de su vida en la primera cita hasta personas que después de más de un año la han encontrado cuando ya casi habían perdido la esperanza.

No obstante, lo más habitual -según Conchita Casacuberta y la señora Romero- es que el éxito se de entre el segundo y el cuarto intento, sobetodo en el caso de las personas mayores. “La gente mayor sabe mejor lo que quiere, y cuando lo encuentra no lo deja escapar. Quieren aprovechar el tiempo al máximo y vivir el momento”, afirma Casacuberta.

La psicóloga recuerda sus inicios en la agencia. Eran los años setenta y la gente aún no entendía que se pudiera buscar pareja a través de una agencia. “Un día recibí una llamada de una mujer que me dijo que mi agencia no podía ser seria porque aceptaba mujeres separadas. Ahora esto sería impensable, aunque la idea de agencia matrimonial sigue siendo un poco extraña.”

Aparejamientos inesperados
Como que el amor no es una ciencia exacta, y a Cupido se le escapan algunas flechas, de vez en cuando nace una relación donde nadie lo habría pensado. (…) Conchita tiene casos curiosos en su historial: desde vecinos que no se habían visto nunca y se aparejaron a través de la agencia, hasta casos tan difíciles como el de un señor con ocho hijos que encontró pareja en una de sus primeras citas. Pero Conchita recuerda especialmente el caso de un chico muy bajito al que estuvo a punto de no aceptar después de algunas experiencias sin mucho éxito. Conchita Casacuberta no quería arriesgarse con un caso tan difícil, pero finalmente el chico bajito encontró la persona adecuada a la primera cita, y al cabo de tres meses ya estaban casados.

La factura de Cupido
La idea de pagar una cantidad determinada para encontrar pareja, para muchas personas, puede parecer un disparate. ¿Qué es lo que está pasando? ¿Nos estamos conviertiendo en seres incapaces de relacionarnos por nosotros mismos? ¿o es que estamos tan ocupados que ya no tenemos tiempo ni para encontrar pareja? A pesar de que, de momento, aún está vigente el tópico de que el amor no se puede comprar con dinero, y de que la mayoría de gente no recurre a una agencia para que le solucionen la vida sentimental, esta solución puede parecer, a primera vsta, muy fácil: llegamos, explicamos nuestra vida, pagamos, y esperamos que la agencia nos encuentre a una persona con intereses comunes. El ahorro de recursos parece evidente; ya no se necesitan ni estrategias complicadas para comenzar una conversación en la barra de un bar ni excusas extrañas para concertar una cita.

Pero los responsables de las agencias representan la otra cara de la moneda. Su trabajo consiste en aparejar a la gente, así de simple y así de claro, y, como todos los profesionales, defienden la utilidad y la calidad del trabajo que llevan a cabo. Conchita Casacuberta, de la agencia COSM, añade el hecho de que el hecho de pagar para encontrar pareja estable demuestra que la persona está totalmente motivada y reconoce el trabajo de los profesionales. “Es importante que la persona pague como pueda, pero que le cueste cierto esfuerzo.”

(…) Conchita Casacuberta desconfía de un servicio de este tipo gratuito. A su parecer, “si las agencias matrimoniales no cobrasen por sus servicios, se acabarían conviertiendo en una cosa rara, en una especie de centro de contactos”.

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